Ilustración de un hombre mayor mirando una pantalla dividida entre una imagen real y un deepfake idéntico, con herramientas forenses rotas a su lado.
Ilustración de un hombre mayor mirando una pantalla dividida entre una imagen real y un deepfake idéntico, con herramientas forenses rotas a su lado.

La línea entre real y falso se ha desdibujado hasta el punto de que un experto como Farid ya no confía en lo que ve, un contexto útil para un colega que sigue los límites de la IA.

El experto en deepfakes ya no ve la diferencia Flujo de la historia y datos clave

Hany Farid, catedrático de la Universidad de California en Berkeley y reconocido como el mayor experto mundial en la detección de deepfakes, ha abandonado su labor en Silicon Valley tras concluir que ya no puede distinguir entre vídeos reales y los generados por inteligencia artificial. Sus métodos forenses, que alguna vez permitieron desenmascarar manipulaciones gubernamentales y detectar contenido ilegal, han quedado obsoletos ante los avances de la IA generativa. Farid ha optado por retirarse a una granja en Vermont, alejado de redes y tecnología, como símbolo de una crisis más amplia: la desconfianza masiva en lo que vemos en línea.

El punto de inflexión llegó con un vídeo viral que mostraba un supuesto ataque con misil estadounidense en una escuela iraní. Farid analizó fotograma por fotograma detalles como la geometría de las sombras, el retraso del sonido y la trayectoria del proyectil, pero no encontró pruebas concluyentes de falsedad. Otros expertos tuvieron el mismo resultado, lo que evidencia que los modelos de IA actuales pueden crear contenido indistinguible de la realidad. Además, los deepfakes se difunden en minutos, mientras que su verificación lleva horas.

Como víctima directa, Farid sufrió un intento de suplantación con voz clonada, lo que lo obligó a crear una palabra de seguridad familiar. Ante este escenario, soluciones como las marcas de agua digitales —promovidas por la coalición C2PA y proyectos como SynthID de Google— cobran relevancia, aunque aún no se aplican por defecto. La historia de Farid no es solo personal: es una advertencia sobre el colapso de la prueba visual en la era digital.

Datos clave

  • Hany Farid, experto forense digital y catedrático en Berkeley, ha abandonado su trabajo porque ya no puede distinguir deepfakes de vídeos reales.
  • Un vídeo viral del supuesto impacto de un misil en Irán fue analizado por Farid sin que pudiera confirmar su autenticidad, pese a revisar sombras, sonido y trayectoria.
  • La generación de deepfakes es rápida y barata, mientras que su verificación forense lleva horas y llega tarde para contener su difusión viral.
  • Farid fue víctima de suplantación con voz clonada, lo que lo llevó a establecer una palabra de seguridad familiar para llamadas.
  • Iniciativas como C2PA y SynthID de Google promueven marcas de agua digitales invisibles para identificar contenido generado por IA, aunque aún no son obligatorias.

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