Ilustración de un médico y un paciente observando juntos una interfaz digital con algoritmos de IA, mientras una balanza equilibra ética y tecnología.
Ilustración de un médico y un paciente observando juntos una interfaz digital con algoritmos de IA, mientras una balanza equilibra ética y tecnología.

La integración ética de la IA en salud es clave, y este enfoque puede interesar a un colega del sector público o tecnológico que siga la transformación sanitaria de cerca.

Sin confianza, la IA en salud será una amenaza Flujo de la historia y datos clave

La inteligencia artificial ya forma parte del sistema de salud en Catalunya, pero su integración plantea desafíos profundos más allá de la tecnología. Antoni Plasència, director general de Investigación e Innovación del Departament de Salut, advierte que sin confianza de pacientes, profesionales y sociedad, la IA será percibida como una amenaza. La clave está en construir transparencia, participación y resultados verificables.

Plasència subraya que la IA no es una moda, sino una herramienta transversal que afecta lo clínico, lo ético, lo regulatorio y lo democrático. Su impacto puede ser positivo si se orienta a reducir desigualdades, pero también puede profundizarlas si no se gestiona con criterios claros. Por eso, defiende una IA segura, evaluable, interoperable y al servicio de las personas.

El sistema enfrenta una paradoja: avanza hacia la medicina del siglo XXI con marcos regulatorios y modelos de financiación del siglo XX. Para superarlo, Plasència propone un triple compromiso: apoyar la investigación, adoptar solo lo que aporte valor y garantizar una gobernanza democrática. La velocidad del cambio exige acción, pero también cautela.

Datos clave

  • Antoni Plasència, director general de Investigación e Innovación del Departament de Salut de Catalunya, clausuró el Summit Salud en 2026 advirtiendo sobre la necesidad de confianza en la IA.
  • La IA debe ser segura, evaluable, interoperable, transparente y orientada a reducir desigualdades, según Plasència.
  • Sin confianza de pacientes, profesionales y sociedad, la IA en salud será percibida como una amenaza.
  • Plasència advierte que el sistema avanza hacia la medicina del siglo XXI con marcos regulatorios y financieros del siglo XX.
  • El responsable público debe ser un actor activo, no un comprador pasivo de tecnología.

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